Por Clive Rudd Fernández

El primer ministro de Suecia Stefan Löfven habla durante una conferencia de prensa en la Cancillería en Estocolmo 02 de diciembre 2014.

El primer ministro de Suecia Stefan Löfven habla durante una conferencia de prensa en la Cancillería en Estocolmo 02 de diciembre 2014.

Durante el curso de la historia sobran los ejemplos de cómo las crisis sociales sacan lo mejor y lo peor de las naciones.

La crisis económica que sacudió al mundo recientemente no ha sido la excepción. Aunque Estados Unidos y la zona del Euro ya están en fase de recuperación, las consecuencias políticas aún se hacen notar.

Muchos de los países Europeos experimentaron un florecimiento del nacionalismo, el populismo, la xenofobia y posiciones políticas extremas como el fascismo y el comunismo.

Estos movimientos extremistas que en su interior tienen todo el potencial y el talento para destruir la democracia y el Estado de derecho sumaron a sus filas a los inconformes y agrupaciones cansadas de tanto deterioro de las agrupaciones políticas tradicionales.

Para poner algunos ejemplos que me han tocado de cerca, en Reino Unido surgió UKIP, en España, Podemos y en Suecia Sweden Democrats.

Los demócratas de Suecia (Sweden Democrats) es un partido populista de extrema derecha Sueca que centra todo su discurso en mensajes anti-inmigración, muy parecido al UKIP de Reino Unido.

La gran mayoría de los países Europeos que aún padecen la amenaza de movimientos extremos se están desgarrando entre mantener sus reglas democráticas y sacar a los extremistas de las decisiones políticas de sus naciones.

Pero Suecia ha logrado una solución democrática que pudiera servir de al resto de las naciones europeas.

En 2014 se celebraron elecciones generales en Suecia para elegir un nuevo parlamento. La alianza de centro-derecha (que comprende el Partido Moderado, el Partido Liberal Popular, Partido de Centro y Demócrata-Cristianos) que había sacado con éxito al país de la crisis económica, buscó un tercer mandato en el gobierno.

El resultado de las elecciones vio a los tres partidos de izquierda sobrepasar en votos a la alianza por Suecia (La alianza de centro-derecha), pero el resultado más preocupante fue que los Sweden Democrats duplicaron su apoyo y ganaron 49 escaños en un parlamento de 349 asientos en total.

Cuando el nuevo parlamento (donde ninguna coalición tiene mayoría) intentó pasar su primer presupuesto se encontró con una situación de práctica ingobernabilidad.

El nuevo primer ministro declaró públicamente la situación como insostenible y llamó a nuevas elecciones generales, después de solo 3 meses de comenzar el nuevo gobierno.

En el punto más alto de la crisis política sueca los partidos de derechas e izquierda hicieron algo que sorprendió al mundo.

Se reunieron a puertas cerradas y pusieron la nación antes que las políticas partidistas. Entonces, polos históricamente opuestos decidieron llegar a un acuerdo para erradicar el tumor de los populistas del futuro de Suecia.

El pasado 27 de diciembre anunciaron lo que se ha llamado como el Acuerdo de Diciembre.

Los seis partidos principales suecos cancelaron las elecciones anticipadas y el gobierno de centro-izquierda, que solo llevaba tres meses gobernando, anunció un acuerdo de ocho años con la oposición para apartar a los Sweden Democrats, que mantenían el equilibrio de poder en el parlamento, y de esta forma evitar una nueva elección.

El acuerdo del gobierno con los partidos de centro-derecha se extiende hasta la próxima legislatura de 2018-22, dejando de lado las diferencias entre partidos con el fin de asegurarse de que los partidos de centro tienen un bloqueo en el poder, y excluyen a los de extrema derecha.

“El acuerdo es una manera de demostrar que nos tomamos la responsabilidad de asegurarnos de que Suecia se pueda gobernar; que ponemos primero el futuro del país”, dijo el primer ministro socialdemócrata Stefan Löfven.

Este acuerdo, impensable en cualquier democracia europea solo unos pocos años atrás, ha logrado demostrar que existen soluciones viables y democráticas para deshacerse de los extremistas.

Que si los partidos ponen el futuro de la nación primero que las políticas partidistas es posible resolver amenazas como UKIP en Reino Unido y Podemos en España.

Poco a poco van apareciendo luces que nos dan la esperanza de que Podemos no va a lograr aplicar el modelo cubano o venezolano a España.

Solo falta que los políticos españoles se dejen de mirar el ombligo y se dé por enterado de la amenaza que la nación enfrenta.

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