Por Clive Rudd Fernandez

Una vez más el final de un año y el comienzo de otro se enlazan con la muerte mediática de Fidel Castro.

Así la llamó CafeFuerte.com en una nota que FidelMuertopublicó su editor Wilfredo Cancio Isla el 20 de octubre de 2012 con el título de “La muertes mediáticas de Fidel Castro” a raíz de intensos rumores de su muerte hace ya 2 años.

Quienes no somos periodistas de profesión, pero nos hemos infestado con ese tan contagioso germen de la información, se nos puede reconocer por un síntoma; el consumo desmedido de noticias a todas horas por múltiples y diversas fuentes, muchas veces de corte histórico.

Una de esas noticias que hizo historia y que vale la pena revisitar fue el asesinato del presidente John Fitzgerald Kennedy en Dallas, Texas, el 22 de noviembre de 1963.

Después de leer y revisar muchos textos, microfilmes y reproducciones de fragmentos de noticas en la televisión estadounidense, nos quedamos con muchas dudas sobre quién asesinó al presidente.

Para los neófitos de la prensa como yo, algo quedó muy, pero muy claro en esta historia.

Solo un médico puede declarar oficialmente muerto a un ser humano. Esta no es una prerrogativa de la prensa.

Cuando los medios serios declaran la muerte de un mandatario generalmente citan a su fuente y esta es casi invariablemente el médico que firmó el acta de defunción.

En esta nueva edición (2014/215) de la muerte mediática de Fidel Castro muchos de los medios en los que yo confío para informarme sobre temas relacionados con Cuba rompieron una de las reglas “básicas” del periodismo, que ellos mismos me han ensañado durante los últimos años, “No se reporta sobre rumores a no ser que los rumores hayan traído consecuencias que sean noticia”.

Uno de los peligros de dejarse seducir por rumores es que cuando comienzas con uno, ya no tienes por donde acabar.

En los últimos días no solo han reportado los rumores de la muerte de Fidel Castro, sino que se fueron con la de trapo del rumor de una conferencia de prensa para el supuesto anuncio de la muerte del dictador caribeño.

En esta ocasión el Diario las Américas se llevó el premio gordo. No solo reportó un rumor sino que colaboró a inflarlo cual globo meteorológico. Reportó que ellos tenían un colaborador que asistiría a la supuesta conferencia de prensa, que después nos hemos enterado nunca se convocó y que ellos mismos se vieron obligado a desmentirla cuando un medio serio como AFP hizo lo básico, llamar al Centro de Prensa Internacional en Cuba y preguntar por los detalles de la conferencia.

Si esta gestión se hacía muy engorrosa porque el CPI de La Habana está colmado de secretismos y oficiales de la seguridad del estado que se dedican a engañar y confundir, bastaba con preguntarle a los colegas de AlJazeera, BBC o AFP si ellos habían sido invitados a una conferencia de prensa antes de sacar en portada una nota que evidentemente no contó con fuentes fidedignas.

En los últimos años parece que estamos viendo un patrón de comportamiento. Cada vez que el anciano dictador se deteriora más, los que tienen el control en la isla deciden alejarlo de los medios para evitar el deterioro de su imagen pública, lo que va poco a poco incrementando los rumores de sus enfermedades o muerte hasta que llega a un nivel que lo tienen que “preparar” para enseñarlo al mundo cual muñeco de circo y a partir de ahí se sincronizan los relojes de nuevo hasta el próximo año donde lo tendrán que sacar o la prensa lo aniquila.

Parece ser que al comandante le ha caído la maldición de la longevidad, donde sus seguidores y víctimas han podido lamentar o disfrutar año tras año como el comandante, el caballo, se ha convertido en un hollejito incongruente, que nunca nadie se imagino.

Evidentemente el dictador cubano con sus 88 años y sus achaques producto de enfermedades intestinales y de varias intervenciones quirúrgicas mayores está a las puertas de la muerte y hay millones de personas que esperan esa noticia con una bolsa de sentimientos, algunos con regocijo, otros con miedo, inclusive algunos con dolor, pero todos la esperan, y no hay caldo más rico para un rumor que la muerte esperada de un mandatario.

Pero nunca debemos olvidar que solo una fuente es fidedigna en esta noticia, un médico.

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