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Por Clive Rudd Fernández

Las relaciones (siempre frías) entre Estados Unidos y Corea del Norte han aumentado su tensión en las últimas semanas cuando se acercaba la fecha del estreno de una comedia producida por Sony Pictures titulada “The Interview”.

El problema central de la película, según Corea del Norte, es que satiriza sobre el líder supremo de esa nación, Kim Jong-un. Como en todas las dictaduras, se tolera (en diferente medida) jugar con la cadena pero no con el mono, léase líder supremo.

Oficialmente Corea del Norte exigió la cancelación del estreno de la película y amenazó con “atenerse a serias consecuencias”, incluyendo ataques al estilo 9/11 a las salas de proyección del filme o a las redes de entretenimiento de Sony.

Las principales cadenas de cines rápidamente decidieron no proyectar la película y posteriormente Sony canceló sus planes de sacar el filme al mercado.

Finalmente se produjo un ataque cibernético a la multinacional japonesa y después de una investigación el FBI anunció que “Corea del Norte es responsable del ataque cibernético contra Sony Pictures que llevó a la liberación de una cantidad incalculable de datos privados de la compañía, e-mails e información, así como la cancelación del estreno de la película La Entrevista.”

Inmediatamente cayeron presiones sobre Sony para que exhibiera la película, incluyendo del presidente de Estados Unidos, quien dijo “Yo simpatizo con las preocupaciones que enfrentan. Habiendo dicho todo eso, creo que se han equivocado” [al decidir no sacar el largometraje].

Después del incremento de las presiones de inversores y de la Casa Blanca, Sony cedió liberando la película en un número reducido de cines independientes y a través de internet, con ayuda de Google y Microsoft.

Todo lo sucedido es una trágica historia donde una empresa que emplea a 150,000 trabajadores en casi todo el mundo ha sido amenazada y atacada con actos terroristas por grupos que respaldan a una nación que fue removida en 2008 de la lista de países patrocinadores del terrorismo internacional, según Estados Unidos.

Aunque ni el FBI ni ninguna otra organización publicara evidencias de que el gobierno de Corea del Norte estuviera detrás de los ataques, el hecho de ese país no se manifieste públicamente en contra de los ataques los hace cuando menos cómplices silenciosos.

Cuando se decidió sacar a Corea del Norte de la lista de países patrocinadores del terrorismo internacional, el Departamento de Estado y la administración Bush sabían que en Corea del Norte no se respetaban, ni se respetan, los derechos humanos ni la libertada de expresión que hoy tan fuertemente atacan, pero se pensó que estratégicamente era necesario para poder lograr un fin mayor, el desarme nuclear de esa nación comunista.

El entonces senador y candidato a la presidencia Barack Obama llamó al acuerdo “un modesto paso adelante” en el desmantelamiento del programa nuclear de Corea del Norte.

Este diciembre, seis años después de que Corea del Norte fuera eliminada de la lista de países terroristas, nos enseña sus colores reales amenazando (y al menos no denunciando) un ataque cibernético en suelo estadounidense.

Por estos días la administración de Obama está considerando eliminar a Cuba de la “lista negra”.

Cuba fue añadida en 1982 debido a que, entre otras acciones, proporcionara atención médica y asistencia política a las FARC y que miembros actuales y anteriores de ETA encontraran refugio de la justicia internacional en Cuba.

El gobierno de Cuba, al igual que Corea del Norte, tiene un odio radical a las libertades de información y movilización ciudadana que puede brindar internet y se dedica sistemáticamente a bloquear dentro del la isla cualquier información que no sea los clones informativos del Comité Central del Partido.

Inclusive, sitios web de compra y venta de productos no controlados por el gobierno como revolico.com son bloqueados por el gobierno de la isla.

Los diarios de información independiente como 14yMedio.com, DDCuba.com y CubaNet.org son además de bloqueados, víctimas de ataques frecuentes por los hackers del gobierno cubano.

Ahora que la administración de Obama está considerando sacar al gobierno de Cuba de la lista de países patrocinadores del terrorismo, lo mínimo que puede hacer es pedirle al gobierno de Cuba que elimine sus bloqueos informativos en las redes de la isla y que públicamente denuncie los ataques cibernéticos que por estos días afectan a Sony y sus redes digitales.

Sin estas exigencias básicas, es muy probable que cuando alguna empresa u organización en Estados Unidos, léase SONY, USAID, NED, IRI, etc., quieran dar ayuda o soporte a la libertad de expresión de los cubanos, sean atacados por las vías oficiales y por otras no tan oficiales.

O quién sabe, tal vez como los amigos del gobierno de Cuba en el norte de la península coreana, mientras que nadie juegue con los monos de Cuba y se dediquen a solo mover la cadena, ni la Casa Blanca, ni ninguna empresa que quiera operar en Cuba tendrá problemas.

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