Por Clive Rudd FernandezNixonMcCain

La semana pasada el Senado de los Estados Unidos presentó el resultado de una investigación que duró cinco años y cubrió más de 6.3 millones de documentos sobre métodos interrogatorios utilizados por la CIA a raíz de los ataques de al-Qaeda contra EE.UU. el 11 de septiembre 2001.

El resumen ejecutivo de 525 páginas del reporte final – que tiene unas 6,000 páginas- puede leerse y consultarse en su totalidad por cualquier individuo en cualquier rincón del mundo con conexión a internet aquí.

Entre las revelaciones del reporte está lo que se ha llamado eufemísticamente como “métodos de interrogación mejorados” que realmente no son más que tortura.

Los métodos incluían, entre otros, privaciones prolongadas de sueño, simulacros de ejecución, hidratación rectal y golpizas. La lista es mucho más larga y detallada pero por estos cuatro primeros métodos de interrogatorio cualquiera puede juzgar si estamos hablando de tortura o de “métodos de interrogatorio mejorados”.

Cuando leí el reporte por primera vez hice un esfuerzo importante por ponerme en la fecha y la situación en que ocurrieron los hechos.

Después del ataque a las Torres Gemelas de Nueva York, Estados Unidos estaba en pie de guerra y la nación vivía aterrada de que otro ataque ocurriría de forma inminente.

Para colmo de males al-Qaeda con Osama Bin Laden a la cabeza estaba activamente intentando adquirir armas nucleares en el mercado negro internacional.

Eran momentos desesperados y la CIA, junto con otros centros de inteligencia, aparecían diariamente en la prensa como deficientes e incapaces por no ver venir esa catástrofe aunque existieron muchas alarmas y evidencias que apuntaban a ello.

Sin dudas, las circunstancias pueden juzgarse como extremas y atenuantes.

¿Pero, existen realmente circunstancias atenuantes para vejar y torturar a un prisionero?

Desafortunadamente la persona más indicada que yo conozco para responder esa pregunta es un cubano que murió hace poco. Su nombre: Huber Matos.

Después que terminé de leer el informe del Senado mi memoria hizo una conexión inmediata con un paralelo cubano: el caso del Comandante de la revolución que fue condenado a 20 años de privación de libertad por la revolución de Fidel Castro por supuestos cargos de sedición.

Los detalles de las torturas que sufrieron Huber Matos y otros reclusos durante años fue algo que me estremeció mucho. Muchas de las historias contadas por Huber Matos en su biografía “Cómo llegó la noche” son idénticas a las descritas por el informe de la CIA: privaciones prolongadas de sueño, simulacros de ejecución, y golpizas.

Lo que más me quebró de estos relatos era que cubanos como yo pudieran hacer algo tan terrorífico.

Aunque Fidel Castro y la cúpula del Partido Comunista en Cuba han negado constantemente el uso de la tortura en Cuba (como la CIA también lo negó y escondió por mucho tiempo en Estados Unidos) en una entrevista que Castro le dio al cineasta Oliver Stone, Fidel le confesó que algunas acciones drásticas se han tomado en la revolución porque Cuba está y ha estado por muchos años en un estado virtual de guerra con Estados Unidos.

De hecho todas las prohibiciones y atropellos de los derechos humanos que el régimen de La Habana ha infligido en su población se justifican por el embargo económico de Estados Unidos a Cuba y su estado virtual de guerra.

A los cubanos demócratas que hemos luchado durante años por denunciar las torturas y violaciones del régimen contra nuestro pueblo, el informe de torturas de la CIA nos debe doler en la misma medida que las violaciones a nuestra población. Son violaciones a los derechos humanos, punto.

La publicación del informe sobre torturas del Senado estadounidense fue elaborado por miembros del Partido Demócrata y ha traído controversias sobre el momento de su publicación y su contenido.

Una de las posiciones en este debate es la del senador republicano por Arizona John McCain. Posiblemente en uno de los mejores momentos de su carrera el senador McCain dijo en el Senado: “Nuestros enemigos actúan sin conciencia. Nosotros no debemos actuar así…”.

Y dijo más. McCain admitió que no se debe torturar “por los más altos ideales de nuestra nación y por los muchos sacrificios terribles hechos para protegerlos; por nuestro respeto a la dignidad humana, y porque no necesitamos arriesgar el honor de la nación para prevalecer en esta o en cualquier guerra”.

Al publicarse el informe y convertirse en un debate público, Estados Unidos le arrebata un arma importante de ataque a sus enemigos, el arma de cuestionarse y mejorarse a sí mismo, el arma de exponer alto y claro cuáles son los valores que fundaron esta gran nación donde todos los humanos son tratados de igual forma independiente de su sexo, raza o religión, el arma de que es una nación donde los valores morales prevalecen ante el terror.

Estados Unidos ha comenzado su largo camino hacia su reencuentro, hacia la solidificación de su compás moral y humano. Cuba, que lleva más de 55 años bajo una dictadura que tortura y veja a sus presos, aún no sabe cuándo le llegará su hora.

En otra parte de su discurso el senador por Arizona dijo “Creo que el pueblo estadounidense tiene derecho – de hecho, una responsabilidad – de saber lo que se estaba haciendo en su nombre; cómo estas prácticas hicieron o dejaron de servir a nuestros intereses; y cómo se comportaron con nuestros valores más importantes.”

Algún día le llegará la hora al pueblo cubano de saber qué se ha hecho en su nombre y en el nombre de una revolución que cada vez menos cubanos apoyan. Mi sueño es que ese día llegue pronto.

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