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Por: Clive Rudd Fernández

Hoy 5 de agosto se cumplen 20 años del Maleconazo que han sido consideradas las manifestaciones más importantes desde el inicio de la revolución cubana en 1959 contra del gobierno de Cuba.

Aquel día cientos de personas se manifestaron en el Malecón de La Habana, enfrentándose con palos y piedras a la policía, rompiendo escaparates de comercios y gritando consignas contra Fidel Castro y el sistema comunista.

¿Por qué aquella manifestación no se extendió y se produjo una primavera árabe en Cuba?

Se ha discutido y se han publicado muchos argumentos sobre el tema. En este corto análisis solo quisiera abrir el debate a todos los interesados para juntos tratar de traer un poco de luz a este complejo tema.

Contrato social entre el pueblo y el gobierno comunista

Primero, existe la teoría del contrato social entre el pueblo y el gobierno, apoyada por algunos economistas cubanos como Juan Triana, quien vive y trabaja en la isla y por ende debe enmarcarse en los límites que le da el gobierno.

Según esta idea, existe un compromiso moral entre la dirección del país y el pueblo: el gobierno provee educación y salud gratuita además de garantizar alimentación básica y empleo de por vida, y el pueblo se somete, sin cuestionar a profundidad los resultados o exigir mucha participación en el trazado de esos proyectos.

Algo así como el contracto actual del gobierno chino con su pueblo, que saca de la pobreza a casi 300 millones de ciudadanos y permite crear y acumular riquezas a individuos a cambio de no exigir oposición política.

Sin embargo, en el caso de Cuba, esta teoría no se sostiene del todo porque ese contrato social comenzó a romperse -por parte del gobierno- durante el llamado período especial, que desató la debacle del sistema de salud y educación.

Y más recientemente, en 2011, el gobierno puso fin al empleo de por vida al despedir a casi medio millón de ciudadanos, sin que esto despertara ninguna protesta, como hubiera sucedido en cualquier parte del mundo.

Monopolio de los medios de información

Otras teorías justifican el inmovilismo del pueblo con el atraso tecnológico y de infraestructuras del país, que combinado con el monopolio de los medios de información, han creado a una población enajenada. La desconexión impide además que líderes de la oposición (que han existido desde el mismo comienzo de la revolución) puedan organizar un movimiento capaz de demostrar públicamente su descontento por la desastrosa gestión del gobierno por más de medio siglo.

Esta teoría tampoco es muy sostenible porque esas condiciones de no acceso a internet y absoluto control de los medios por el gobierno existían también en Polonia y muchos países de Europa del este que sí fueron capaces de crear organizaciones como el movimiento Solidaridad, dirigido por Lech Walesa, entre otros.

Falta de educación

Entonces esto lleva a señalar la falta de educación como posible causante de la inercia social. Cuba ha tenido más de medio siglo de adoctrinamiento político e instrucción técnica gratuita, pero jamás educación cívica abierta y diversa.
Por esta razón, casi nadie en Cuba es capaz de enumerar y mucho menos defender sus derechos como han sido establecidos por la Declaración Universal de los Derechos Humanos de Naciones Unidas.

Teoría de plaza sitiada

Otro factor a destacar es el estado de guerra en el que el gobierno ha hecho vivir al pueblo, también conocido como la teoría de plaza sitiada.

Es interesante analizar la psicología de una nación en estado de guerra o que ha permanecido en estado de guerra por mucho tiempo.

Esto son algunos de los signos que han descrito trabajos académicos

Desvinculación moral, “Al analizar las respuestas de los ciudadanos en un país en estado de guerra existe un desajuste significativo entre su conocimiento de las normas humanitarias y su escasa inclinación a respetar en caso de hostilidades. El conocimiento de la existencia de una norma, al parecer, no era suficiente para asegurar una actitud favorable hacia ella.”

Esto explicaría conductas como delaciones entre familiares, el constante y generalizado robo a empresas o centro laborales y otras actitudes poco humanas entre miembros de la población.

Órdenes y sanciones, que tiene que ver con la integración en una estructura jerárquica, en la que deben obedecer a la autoridad ciegamente, y el proceso de desconexión moral, lo que permite el recurso a la violencia en contra de la persona definida como el enemigo.

Y la fuerza de la ley, según la cual esa “desvinculación moral puede permitir suspender los sentimientos de culpa frente a los actos inhumanos y permitir una cierta elasticidad con respecto a los valores universales”.

Durante periodos de guerra la fuerza de la ley se pierde para dar prioridad a la seguridad nacional, por lo que la legislación y la constitución pasan a un segundo plano.

Esto explicaría por qué en Cuba la ley y el sistema jurídico han perdido tanta credibilidad. También explicaría por qué una parte importante de la población no distingue la separación entre los poderes legislativo y ejecutivo.

Obviamente este estado de “guerra fría” que aún vive Cuba no es azaroso sino diseñado, alimentado y difundido por el gobierno de Cuba para poder actuar impunemente contra los derechos humanos de su población y mantenerse en el poder.

Y es que en una guerra todos aceptamos que hay daños colaterales y medidas drásticas necesarias. Por eso cuando Fidel Castro fue entrevistado por Oliver Stone en el documental “Looking for Fidel”, este responde sin vacilar, refiriéndose al fusilamiento de cuatro jóvenes que intentaron desviar una lancha de transporte publico hacia el exilio: “Es cierto, cuando no se trata de una situación virtual de guerra”.

Es por eso también que al gobierno de Cuba no le interesa la palabra “embargo” pero alimenta la de “bloqueo”. El embargo es la prohibición total o parcial de comercio y la comercialización con un país en particular; en cambio el “bloqueo” es un acto de guerra.

Miedo

También está la teoría del miedo. Hace poco leí un artículo sobre los problemas de Cuba, en el que el autor solo se refería a las ramas del problema, es decir la falta de pan, agua, electricidad, comida, transporte, etc, y no mencionaba la causa fundamental: la mala gestión del gobierno.

Cuando le pregunté por qué no iba directo a la raíz, me respondió: ¡Qué el muerto lo ponga otro!

El efecto del miedo a través de cinco décadas en Cuba se pudiera entender a partir de un experimento sociológico de 1967, adjudicado a Gordon R. Stephenson de la Universidad de Wisconsin.

En el experimento se metieron cinco monos en una habitación. En el centro de la misma ubicaron una escalera, y en lo alto, unos plátanos. Cuando uno de los monos ascendía por la escalera para acceder a los plátanos, los experimentadores rociaban al resto de monos con un chorro de agua fría.

Al cabo de un tiempo, los monos asimilaron la conexión entre el uso de la escalera y el chorro de agua fría, de modo que cuando uno de ellos se aventuraba a ascender en busca de un plátano, el resto de monos se lo impedían con violencia. Al final, e incluso ante la tentación del alimento, ningún mono se atrevía a subir por la escalera.

En ese momento, los experimentadores extrajeron uno de los cinco monos iniciales e introdujeron uno nuevo en la habitación.

El mono nuevo, naturalmente, trepó por la escalera en busca de los plátanos. En cuanto los demás observaron sus intenciones, se abalanzaron sobre él y lo bajaron a golpes antes de que el chorro de agua fría hiciera su aparición. Después de repetirse la experiencia varias veces, al final el nuevo mono comprendió que era mejor para su integridad renunciar a ascender por la escalera.

Los experimentadores sustituyeron otra vez a uno de los monos del grupo inicial.

El primer mono sustituido participó con especial interés en las palizas al nuevo mono trepador.

Posteriormente se repitió el proceso con el tercer, cuarto y quinto mono, hasta que llegó un momento en que todos los monos del experimento inicial habían sido sustituidos.

En ese momento, los experimentadores se encontraron con algo sorprendente. Ninguno de los monos que había en la habitación había recibido nunca el chorro de agua fría. Sin embargo, ninguno se atrevía a trepar para hacerse con los plátanos.

Si hubieran podido preguntar a los primates por qué no subían para alcanzar el alimento, probablemente la respuesta hubiera sido esta “No lo sé. Esto siempre ha sido así”.

El economista español José Luis Sampedro asegura que “gobernar a base de miedo es muy eficaz. El miedo hace que no se reaccione, el miedo hace que no se siga adelante. El miedo es mucho más fuerte casi, desgraciadamente que el altruismo, el amor, y la bondad.”

Todos

¿Es el miedo la razón por la cuál en Cuba no hay un levantamiento social en contra de un gobierno injusto y dictatorial? ¿ Puede ser que el inmovilismo de Cuba sea que aún un ancla en la guerra fría? ¿ O será la falta de educación cívica de nuestro pueblo?

Dejaré a los estudiosos que con el tiempo nos dicten el veredicto final, pero ahora que muchos cubanos nos hemos hecho esta pregunta un millón de veces quiero dar mi humilde aporte. Creo que la causa es una combinación de los elementos mencionados, quedaría saber en qué medida, para poder revertir el maleficio que nos tiene detenidos en el tiempo hace ya más de medio siglo.

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